1. Introducción: La crisis de Windows

    Presentación del problema actual de Windows y contexto histórico del 2015

  2. El legado de Windows 10

    Windows 10 como salvador tras Windows 8 y la promesa de ser la última versión

  3. La llegada inesperada de Windows 11

    Lanzamiento de Windows 11 en 2021 rompiendo las promesas anteriores

  4. Requisitos TPM 2.0: El primer obstáculo

    Problemas de compatibilidad y obsolescencia programada con el chip TPM

  5. Cuenta Microsoft obligatoria y bloatware

    Eliminación del modo local y aplicaciones preinstaladas no deseadas

  6. El secreto de Windows 10X

    Revelación de que Windows 11 está construido sobre el cancelado Windows 10X

  7. Inconsistencias visuales y problemas de diseño

    Mezcla caótica de interfaces modernas y antiguas en el sistema

  8. Problemas de privacidad y recolección de datos

    Análisis del tracking excesivo y envío de información personal

  9. Inestabilidad y bugs masivos

    Problemas de rendimiento, fallos del explorador y otros errores críticos

  10. La llegada de Copilot y la IA

    Integración forzada de inteligencia artificial en aplicaciones nativas

  11. Windows Recall: El escándalo de privacidad

    La polémica función que capturaba pantallas y almacenaba datos sensibles

  12. El éxodo hacia macOS y Linux

    Migración masiva de usuarios a sistemas alternativos

  13. El impacto de los procesadores Apple M

    Cómo los chips M de Apple revolucionaron el mercado de portátiles

  14. Linux gana terreno en gaming

    Steam Deck y el crecimiento de Linux como plataforma de juegos

  15. La confesión de Microsoft sobre la IA

    Admisión del CEO sobre el uso excesivo de IA en el desarrollo

  16. Despidos y reducción de control de calidad

    Consecuencias de confiar demasiado en la inteligencia artificial

  17. Las promesas de Microsoft para el futuro

    Plan de recuperación y mejoras prometidas para Windows

  18. Conclusión: ¿Tiene Windows solución?

    Reflexión final sobre el futuro del sistema operativo

¿Qué está pasando con Windows? Nuestro principal sistema operativo está cayendo en picado. Las promesas se convirtieron en desilusiones y la inteligencia artificial lo está terminando de matar.

Año 2015, qué buenos tiempos aquellos.

La música electrónica reinaba en las listas, la gente iba con hoverboards intentando no caerse en tecnonautas. Llegábamos a los 100 millones de suscriptores.

Ojalá 100, los 100.000. Pero bueno, se ha ido por la MrBeast.

Suscríbete para llegar a los humildes 10 millones de suscriptores. Y mientras comenzaba el auge de las redes sociales, Microsoft lanza Windows 10, para muchos, el sistema operativo perfecto, el predecesor,

el salvador, la luz al final del túnel que llegaba después de años de caos y fallos traídos por Windows 8. Un sistema que si mal no recuerdas, intentó estar en todos los dispositivos habidos y por haber, con una interfaz de tablet en ordenadores de escritorio que nadie comprendía, la cual terminó alejando usuarios de toda la vida a otros sistemas.

Windows 10 no solo llegó con la promesa de ser el mejor sistema operativo, sino dejando en claro desde el principio que sería la última última versión que existiría de este sistema operativo.

La idea era ya no habría más números, solamente actualizaciones constantes para que al usuario no le doliera más la cabeza. El mundo estaba tan seguro de eso y confió tanto en las palabras que cuando salían rumores de un supuesto sistema llamado Windows 11, muchos lo ignoraban o directamente lo categorizaban de falso.

Pero todo cambió seis años después, en 2021. Las promesas se esfumaron y apareció casi de la nada Windows 11. El sistema operativo eterno terminó resultando en el predecesor de la supuesta nueva era de la revolución tecnológica, con una interfaz que apostaba todo a lo visual, eliminando las esquinas afiladas gracias al nuevo diseño fluent con bordes redondeados, el material traslúcido y una barra de tareas que se movía al centro de la pantalla. Pero no solo era estética, Microsoft Nos vendió Windows 11 como el mejor hogar para creadores, jugadores y productividad, asegurando optimización absoluta, mejoras en la gestión del recurso del procesador, tecnología de consolas de última generación, nuevas funciones para organizar ventanas de forma cómoda.

La nueva apuesta de Microsoft prometía un montón, y la gente ilusionada con el nuevo juguete se animó a instalarlo, o al menos a intentarlo ya que no tardaron en toparse con el primer el TPM 2.0.

¿Sabes de dónde viene TPM?

No, qué vas a decir. Es decir, ordenadores comprados apenas tres años antes no podían funcionar. En esta nueva versión, Microsoft exigía tener en la placa base de los ordenadores un chip de seguridad llamado Trusted Platform Module o como se le conoce TPM

2.0, una protección bastante toca narices para poder proteger el arranque del sistema y las claves de cifrado ante ataques de seguridad. Siendo claros, ya podías tener los últimos componentes de la época que si tu ordenador no tenía esto, ahí te quedaba. Según comentaban ellos, era la única forma de asegurar por completo un ordenador en estos tiempos. Para el resto, una excusa gigante de obsolescencia programada para que te compres otro PC.

Además, todo esto un año después del Covid, donde la economía mundial no estaba en su mejor momento. Aunque eso sí, una vez la gente se dio cuenta de este detalle, los informáticos hicieron magia y sacaron formas para asaltarse este bloqueo.

Una vez superado este bache con una aplicación llamada Rufus, los usuarios se toparon con otra era obligatorio tener una cuenta de Microsoft y conexión a Internet, por lo que quitaron el modo local.

Los informáticos también volvieron a hacer su magia con esto, pero el daño ya estaba hecho. Con la cuenta llegaron muchas dudas, preguntas sobre privacidad en el proceso de instalación y un montón de aplicaciones basura nada más encender el equipo. Instagram, TikTok, Facebook, aplicaciones de streaming de vídeo como Amazon Prime Video o Disney.

Acá hay distintas aplicaciones, por ejemplo Line.

¿Te acordás de Line?

Te lo meten ahora de forma predeterminada. Vamos que parecía un teléfono chino ya más que un ordenador de escritorio.

Además que todo ese diseño fluent tan llamativo que los de Microsoft intentaban vender estaba diseñado de una forma muy extraña.

Bajo esa interfaz se escondía un secreto a voces. Windows 11 no era un sistema operativo creado desde cero, en realidad es un Frankenstein construido sobre las cenizas de Windows 10X. Has oído bien, un proyecto de Microsoft que nunca salió al público y se lanzó en octubre de 2019 junto con la Surface Neo, esa tablet de dos pantallas que tampoco salió. En mayo de 2020 por la pandemia, Microsoft decidió que en vez de ser un sistema para doble pantalla, se usaría para portátiles normales para competir con los Chromebook, que ya habían ganado mucha fuerza para esa época.

Y un año después, en mayo de 2021, después de muchas filtraciones y versiones de prueba, Microsoft anunció que se cancelaba el proyecto y qué se presentó un mes después. Exacto, Windows 11.

Microsoft sacó los pasos prohibidos y agarró la interfaz de Windows 10X y la pegó sobre el esqueleto de Windows 10. El un auténtico zoológico de inconsistencias visuales. Un sistema operativo donde viven botones modernos, traslúcidos y hasta los mismos que en las versiones de hace más de 20 años.

De primeras todo es muy bonito, pero si das clic derecho te encuentras con menús ocultos de Windows 10. Si entras a configurar el sonido Internet te aparecen ventanas de Windows 7, sistema que salió en 2009. Tienes un panel de control con la misma interfaz y con algunos iconos que en Windows 7.

Le falta Clippy nada más.

Bueno, a lo mejor si buscas un poco por ahí lo encuentra. Hasta si vas a activar el salvapantallas te sigue saliendo la misma foto del monitor que se usaba en Windows X.

La gente con esto no solo estaba confundida, sino también estaba indignada.

Indignada de la forma en que Microsoft les engañó y convirtió algo que funcionaba perfecto en otra cosa que absolutamente nadie pidió y secuestraba tu información porque sí. Aunque no lo parezca, Windows 11 envía más información tuya que Windows 10.

¿A quién le sorprende? A nadie.

Hay gente que ha investigado con Wireshark, un programa que analiza todo el tráfico de tu red, y han demostrado que nada más arrancar el equipo por primera vez, el sistema ya está enviando ráfagas de datos a servidores externos como Steam, McAfee o servicios de marketing como Scorecard Research.

Y aunque hay herramientas para deshabilitar este traqueo de datos, como la de Chris Titus, la verdad es que es bastante asqueroso que pagando Windows recolecten tantos datos de ti.

¿Alguien paga Windows también?

Eso es otra cuestión. Y es aquí donde entra la posible razón principal por la que eliminaron la cuenta local. Crear perfiles detallados y recopilar datos de uso se convirtió en pan comido. Microsoft con esto ya tiene los datos que buscas, las aplicaciones que abres y tus hábitos de uso asociados a tu identidad real.

Digamos que los primeros años del sistema fueron una montaña rusa de inestabilidad, lo cual hizo que millones de usuarios volvieran a Windows 10 o directamente ni actualizaran al 11.

Microsoft también usó como reclamo la posibilidad de tener aplicaciones de Android instaladas en el sistema, aplicaciones que por cierto, llegaron tarde, con un catálogo muy pobre y cancelado en el 2025.

Mientras que los usuarios que actualizaron esperaban esas novedades, tenían que tragarse bugs gigantescos de rendimiento y fallos sin sentido, unidades de almacenamiento SSD y NVMe más lentos que en Windows 10, tarjetas gráficas que dejaban de funcionar, actualizaciones infinitas que no se llegaban a instalar nunca, hasta lidiar

con el explorador de archivos más lento que ha existido nunca y que Desde octubre de 2022 hasta casi principios del 24 se abría solo por un error del sistema que no se conseguía solucionar. Pero eso no es nada comparado con lo que se venía y se podría decir que lo que rompió Windows por completo.

Con La llegada de ChatGPT y la inteligencia artificial, las compañías pensaron que era lo que la gente necesitaba, así que aprovecharon el boom para no quedarse atrás y lanzaron Copilot.

Querido Copilot. Hay mucha gente que dice que es la mayor basura que ha existido nunca, al menos por ahora. Es una inteligencia artificial propia, integrada en el sistema para ayudarte a redactar correos, escribir textos, responder preguntas, lo que hacen todas, pero un poco más integrada dentro del sistema operativo.

Por ejemplo, en la aplicación de Paint, el programa donde dibujas paisajes y soles con gafas de sol, introdujeron funciones con

gafas naut ana, las mejores, que te bloquean la luz azul y verde de las pantallas para que no te dañe

la vista, pues introdujeron funciones para generar imágenes o para crear dibujos para colorear, cargándose así evidentemente la creatividad. En el bloc de notas, funciones de resumir textos, redactar desde cero o reescribir. Y así con casi todo.

¿Cuál fue el problema? Que las aplicaciones nativas fueron actualizadas automáticamente y si tu ordenador no era compatible con la inteligencia artificial, te quedaba sin ella. Como lo oyes. Windows, en vez de comprobar si el ordenador era compatible primero lo que hacía era desinstalar la aplicación para luego volver a instalarla con esta nueva función. El problema era que si tu ordenador no era compatible, no la volvía a instalar. Y eso provocó que muchísima gente, de la noche a la mañana detecte que esas aplicaciones que suelen usar clásicamente en el Windows no estaban, habían desaparecido.

Para que te hagas una idea hasta dónde llegó el tema, el comandante de la misión Artemis II de la NASA en el espacio tuvo que llamar a Hume por problemas con Outlook, la aplicación de correo, diciendo que tenía dos versiones distintas instaladas en su ordenador y ni ninguna de ellas funcionaba.

Vamos, un fallo de otro planeta.

Esto es porque Microsoft nombró la aplicación de correo de Windows como Outlook, pero sin modificar la aplicación Outlook de la suite de Office. Un lío tremendo, vamos.

Yo todavía no me entero cómo van sinceramente con toda la suite Office, no tengo ni idea.

Aunque la gota que colmó el vaso fue Windows Recall, una aplicación con inteligencia artificial que tomaba capturas de pantalla cada pocos segundos para analizar y clasificar todo lo que haces.

Su función era que buscaras con lenguaje natural lo que quisieras para ayudarte a recordar, por ejemplo, que te abra la web donde viste una receta de cocina o la diapositiva de la presentación de tu trabajo que tenía una flecha amarilla. Aunque como idea no estaba del todo mal, investigadores descubrieron que esta aplicación de vez en cuando podía guardar las contraseñas, chats de Signal, datos bancarios o hasta los mensajes temporales de WhatsApp o Telegram en una base de datos de texto plano sin cifrar, o sea, totalmente vulnerable a ataques externos. Es decir, cualquier persona que tuviera acceso a tu ordenador o cualquier virus podía entrar a ese archivo y robarte.

Todo este escándalo obligó a Microsoft a reforzar la seguridad y a desactivarlo por defecto, pero ya era evidentemente demasiado tarde. Ante la sensación de ser espiados y la inestabilidad con la estabilidad del sistema, los usuarios que llevaban años en Windows se pasaron a Linux y a macOS, el sistema operativo de los ordenadores de Apple. Este último En marzo de 2025 alcanzó una cuota de mercado del 17.1% a nivel mundial, según Canalyst.

Pero la cosa para Windows se puso complicada, porque después de trabajar Durante más de 15 años con Intel, los Mac se habían convertido en estufas portátiles, la batería apenas duraba, se calentaban como un radiador y los ventiladores sonaban como un avión. Qué precioso que es. Hijo de puta. Acá calienta cuando jugamos el Fortnite, hay que tener cuidado. Pero A finales de 2020, Apple presentó su gama de ordenadores con procesador propio, los famosos M. Procesadores que por cierto, fueron creados por John Termus Ternus. Procesadores que por cierto, fueron creados por John Ternus, la persona que ahora va a reemplazar a Tim Cook como CEO de Apple. Y lo que hicieron fue una verdadera locura. Portátiles que partían desde los 1.000 euros, que incluso sin ventiladores consiguieron ser más rápidos, eficientes y potentes que portátiles de Windows de 3.000 euro.

Después llegó la gama Pro Max Ultra, los M M. Y ahora en 2026, Apple se la ha sacado con los MacBook Neo, un portátil que parte desde los 600 euros y que ya analizamos en el canal. Un equipo que está haciendo que los que nunca se plantearon un Mac se lo estén pensando en serio.

Además del golpe sorprendente de Linux gracias a la consola de mano Steam Deck. En marzo de 2026, Linux batió su récord histórico superando el 5,33% de usuarios en Steam, demostrando que Windows ya no es necesario para poder jugar. Mientr mientras tanto, los fallos en Windows eran cada vez más grandes. Según estudios, los PC Windows se bloquean 3.1 veces más que los Mac, las aplicaciones un 7,5.

El descontrol que había en Windows era digno de estudio. La gente se quejaba de actualizaciones que bloqueaban equipos enteros pidiendo claves de cifrado, fallos con el botón de apagar donde al pulsarlo el ordenador se reiniciaba en bucle, borrado masivo de archivos, pantallazos azules y negros, fugas de memoria RAM, el explorador de archivos se ponía blanco aún teniendo el sistema en modo oscuro, fallos de acceso al disco duro o fallos de acceso a la propia BIOS.

Vamos, un deleite para los sentidos. Así que obviamente los consumidores no querían pasarse a Windows 11 por miedo. Y hasta la propia Microsoft tuvo que aumentar el soporte de Windows 10 porque había millones de usuarios que seguían usando el sistema anterior. La respuesta del mal funcionamiento la dio el propio CEO de Microsoft, Satya Nadella. Él admitió en abril de 2025 que entre el 20 y 30 por ciento del código de Microsoft lo estaba escribiendo una inteligencia artificial, una IA cambió el código del sistema operativo más importante del mundo.

Un mes después de estas declaraciones, Microsoft anunció el despido de 6.000 empleados, de los cuales gran parte eran ingenieros de software. Una decisión tomada por una fuerza laboral potenciada por la inteligencia artificial, donde no se necesitaban tantos programadores humanos para tareas repetitivas.

Y a comienzos de este año se dieron un golpe de al reducir drásticamente los equipos de control de calidad y confiar ciegamente en la inteligencia artificial, el sistema se volvió inestable y con muchos fallos. Se descubrió que los desarrolladores pasaban por alto un 40 más de errores al revisar código de IA en comparación con los humanos. Windows, ante esto, decidió pararse a pensar y pedir disculpas en un comunicado. La IA se nos fue de la mano muchachos, y ellos lo sabían. Por lo que prometen para poder solucionar todo esto quitar la inteligencia artificial de las aplicaciones donde esta no es necesaria.

También reducir las interrupciones por actualizaciones, eso lo veremos.

Mejorar la velocidad del explorador de archivos, además de mejorar el funcionamiento del sistema en general para que sea más fluido y responda mejor. Vamos, lo que debería ser todo esto

sería con una especie de actualización bien, pero bien, bien potente. Y para eso han seleccionado a un dream team de personas, por lo que

a partir de ahora es un ahora o nunca para Microsoft, no solamente por cómo se está boicoteando a sí mismo, sino también por toda la competencia que le está viniendo y que le puede venir. Porque ahora se vienen los sistemas operativos con inteligencia artificial.

Además, macOS ya no es un lujo inalcanzable gracias al MacBook Neo y un Linux que ha dejado de ser un laberinto solamente útil por expertos.

¿Y tú qué opinas? ¿Windows tiene solución o ya está perdido? Pregúntale a la gente. ¿Ana, qué sistema operativo usa? También nos interesa bastante. Lo dejamos aquí en una encuesta.

Y déjanos en los comentarios si la ventanita del amor se te cerró. Vamos todos. Y el amor por esta comunidad se demuestra dándole al botón de suscribirse. Gracias.

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Windows 11: Todos los fallos, escándalos y promesas rotas que hundieron a Microsoft

hace 4 meses•Tecnonauta

Windows prometió ser eterno con su versión 10, pero llegó el 11 cargado de requisitos imposibles, fallos masivos, escándalos de privacidad y una inteligencia artificial que escribía su propio código. Repasamos todo lo que ha ido mal y si aún tiene solución.

Hubo un tiempo en que Windows era intocable. El sistema operativo que venía instalado en casi todos los ordenadores del mundo, el que aprendiste a usar en el colegio, el que arrancabas cada mañana sin cuestionarte si había algo mejor. Pues bien, ese tiempo se está acabando, y lo peor es que Microsoft lleva años cavando su propia tumba.

El legado de Windows 10

Retrocedamos al 2015. La música electrónica petaba en las listas, la gente intentaba no romperse la crisma con los hoverboards, y Microsoft lanzaba Windows 10. Tras el desastre de Windows 8 —ese experimento delirante de meter una interfaz táctil de tablet en ordenadores de escritorio que absolutamente nadie pidió y que alejó a usuarios de toda la vida—, la llegada del 10 fue como encontrar agua en el desierto.
Pero lo más importante no fue solo que fuera bueno. Fue la promesa que lo acompañó: Windows 10 sería la última versión del sistema operativo. Nada de números nuevos, solo actualizaciones continuas para siempre. El mundo se lo creyó. Cuando empezaron a circular rumores sobre un supuesto "Windows 11", la mayoría los descartó como bulos. Microsoft lo había prometido, y Microsoft nunca mentiría, ¿verdad?

La llegada inesperada de Windows 11

En 2021, seis años después, la promesa se evaporó. Windows 11 apareció casi de la nada, apostando todo a lo visual: bordes redondeados con el nuevo diseño Fluent, materiales traslúcidos, barra de tareas centrada... Era bonito, eso hay que reconocerlo. Microsoft lo vendió como el hogar definitivo para creadores, jugadores y trabajadores productivos, con optimización mejorada del procesador, tecnología de consolas de última generación y nuevas herramientas para organizar ventanas.
La gente se ilusionó. Hasta que intentó instalarlo.

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Requisitos TPM 2.0: El primer obstáculo

El primer muro se llamaba TPM 2.0. Un chip de seguridad llamado Trusted Platform Module que debía estar integrado en la placa base del ordenador para poder siquiera instalar el nuevo sistema. Ordenadores comprados apenas tres años antes quedaban fuera. Sin excepción.
La justificación oficial era la seguridad: proteger el arranque del sistema y las claves de cifrado frente a ataques. La justificación no oficial que todo el mundo pensó: obsolescencia programada para que te compres un PC nuevo, encima en plena resaca económica post-COVID. Por suerte, la comunidad informática hizo lo que mejor sabe hacer: encontrar la vuelta. Una herramienta llamada Rufus permitía saltarse el bloqueo y quedó como referencia universal para instalar Windows 11 en equipos "no compatibles".

Cuenta Microsoft obligatoria y bloatware

Superado el TPM, apareció el siguiente obstáculo: el modo de instalación local desapareció. Windows 11 te exigía una cuenta de Microsoft y conexión a Internet para poder configurar el sistema por primera vez. Y con la cuenta llegaron las preguntas incómodas sobre privacidad, los formularios interminables... y un aluvión de aplicaciones preinstaladas que nadie había pedido.
TikTok, Instagram, Facebook, Amazon Prime Video, Disney+... y ahí, entre todas ellas, Line. ¿Te acuerdas de Line? Pues Microsoft te lo mete por defecto. En ese momento dejó de parecer Windows y empezó a parecerse más a un teléfono de dudosa procedencia recién sacado de la caja. El daño de imagen ya estaba hecho.

El secreto de Windows 10X

Aquí viene el giro que no te esperabas: Windows 11 no se construyó desde cero. En realidad es un Frankenstein ensamblado sobre las ruinas de Windows 10X, un proyecto interno de Microsoft que nunca llegó al público. Fue anunciado en 2019 junto a la Surface Neo —esa tablet de doble pantalla que tampoco vio la luz—, luego reconvertido para competir con los Chromebook durante la pandemia, y finalmente cancelado en mayo de 2021. Un mes después se presentó Windows 11.
Lo que hizo Microsoft fue coger la interfaz visual de Windows 10X y pegarla encima del núcleo de Windows 10. El resultado: un auténtico zoológico de inconsistencias.

Inconsistencias visuales y problemas de diseño

La cosa es que de primeras todo queda muy bonito. Pero empiezas a explorar y el espejismo se rompe. Das clic derecho y aparecen menús de Windows 10. Entras a configurar el sonido y te salta una ventana de Windows 7 —el sistema que salió en 2009, por si alguien lo había olvidado—. El Panel de Control sigue teniendo los mismos iconos de hace quince años. Si buscas el salvapantallas, ahí sigue la misma foto del monitor de Windows XP mirándote fijamente.
ElementoÉpoca visual
Menú de inicio y widgetsWindows 11 (2021)
Menú contextual extendidoWindows 10 (2015)
Configuración de sonido y redWindows 7 (2009)
Panel de ControlWindows Vista/7
Pantalla del salvapantallasWindows XP (2001)
Le faltaba Clippy, el dichoso sujetapapeles animado, para completar el cuadro. Solo hay que buscarlo un poco.

Problemas de privacidad y recolección de datos

Más allá del caos visual, había algo más oscuro debajo. Usuarios que analizaron el tráfico de red con Wireshark —una herramienta que monitoriza todo lo que entra y sale de tu conexión— descubrieron que nada más arrancar el equipo por primera vez, el sistema enviaba ráfagas de datos a servidores externos: Steam, McAfee, y servicios de marketing como Scorecard Research.
Y aquí encaja todo: la eliminación del modo local y la cuenta obligatoria de Microsoft no eran solo comodidad. Crear perfiles detallados asociados a identidades reales, registrar qué aplicaciones abres, cuánto tiempo, qué buscas... eso tiene un valor enorme. Hay herramientas para mitigarlo, como la de Chris Titus, pero resulta bastante indignante pagar por un sistema operativo que luego te espía de esa manera. Aunque claro, ¿alguien paga Windows de verdad?

Inestabilidad y bugs masivos

Los primeros años de Windows 11 fueron una montaña rusa de fallos que hizo que millones de usuarios volvieran al 10 o directamente se negaran a actualizar. Las quejas se acumulaban: SSDs y NVMes más lentos que en Windows 10, tarjetas gráficas que dejaban de funcionar, actualizaciones que no terminaban de instalarse nunca, pantallazos azules y negros sin previo aviso...
Y luego estaba el explorador de archivos. El mismísimo explorador de archivos, la herramienta más básica de cualquier sistema operativo, estuvo abriéndose solo de forma aleatoria durante más de un año: desde octubre de 2022 hasta casi principios de 2024, sin solución. Según datos comparativos, los PCs con Windows se bloquean 3,1 veces más que los Mac, y las aplicaciones fallan 7,5 veces más. No son anécdotas. Son estadísticas.

La llegada de Copilot y la IA

Con el boom de ChatGPT, Microsoft decidió que lo que Windows necesitaba era inteligencia artificial metida a presión en todos los rincones. Así llegó Copilot: un asistente integrado en el sistema para redactar correos, resumir textos y responder preguntas. Hasta el Paint —sí, el Paint— recibió funciones para generar imágenes con IA. El Bloc de notas empezó a ofrecer resúmenes automáticos y redacción asistida.
El problema vino cuando Microsoft empezó a actualizar automáticamente las aplicaciones nativas para incluir estas funciones de IA. Si tu ordenador no era compatible con los requisitos de la IA, el proceso desinstalaba la aplicación para reinstalarla con las nuevas funciones... y si no era compatible, simplemente no la reinstalaba. De un día para otro, miles de usuarios abrían el menú de inicio y el Paint, el Bloc de Notas o cualquier otra app de toda la vida había desaparecido. Sin aviso. Sin explicación.
El comandante de la misión Artemis II de la NASA tuvo que llamar al soporte de Microsoft desde el espacio porque tenía dos versiones de Outlook instaladas y ninguna funcionaba. Un fallo, literalmente, de otro planeta.

Windows Recall: El escándalo de privacidad

Si lo anterior ya era preocupante, Windows Recall fue la gota que colmó el vaso. La función tomaba capturas de pantalla cada pocos segundos para analizarlas y clasificarlas, permitiendo buscar con lenguaje natural cualquier cosa que hubieras visto en pantalla: "la web donde vi esa receta" o "la diapositiva con la flecha amarilla".
Como concepto, no era del todo descabellado. El problema fue la ejecución: investigadores descubrieron que Recall podía almacenar contraseñas, conversaciones de Signal, datos bancarios y mensajes temporales de WhatsApp o Telegram en una base de datos de texto plano, sin cifrar, accesible para cualquier virus o cualquier persona que tocara el equipo. Microsoft tuvo que desactivarla por defecto y reforzar la seguridad a marchas forzadas. El daño reputacional, sin embargo, ya era irreversible.

El éxodo hacia macOS y Linux

La suma de todos estos factores desencadenó algo que hace cinco años habría parecido impensable: usuarios con años de historia en Windows empezaron a migrar en masa hacia macOS y Linux. En marzo de 2025, macOS alcanzó una cuota de mercado del 17,1% a nivel mundial, según Canalyst. No es una cifra espectacular en términos absolutos, pero el ritmo de crecimiento sí lo es.

El impacto de los procesadores de Apple

Y es que Apple hizo algo que cambió las reglas del juego. Antes de 2020, los Mac con procesadores Intel eran estufas portátiles de precio elevado: calentaban, la batería se agotaba rápido y los ventiladores sonaban como pequeñas turbinas. A finales de ese año llegaron los chips de la serie M, desarrollados por John Ternus —la misma persona que ahora está en la lista para reemplazar a Tim Cook como CEO de Apple—, y el mercado tembló.
Portátiles que empezaban en 1.000 euros, sin ventiladores, resultaron ser más rápidos, eficientes y potentes que muchos equipos Windows de 3.000. Luego llegaron los M Pro, M Max, M Ultra... y en 2026, el MacBook Neo desde 600 euros, que ya analizamos en el canal. Un equipo que está haciendo que gente que nunca se había planteado un Mac empiece a mirarlo con otros ojos.

Linux gana terreno en gaming

Por otro lado, Linux —durante décadas sinónimo de "para expertos solamente"— dio un salto inesperado gracias a la Steam Deck de Valve. En marzo de 2026, Linux superó el 5,33% de usuarios en Steam, batiendo su récord histórico. Ya no hace falta Windows para jugar. El ecosistema ha madurado, la compatibilidad ha mejorado brutalmente, y la barrera de entrada ha caído.
Sistema operativoCuota de mercado (2026)Tendencia
Windows~72%Bajando
macOS~17%Subiendo
Linux (Steam)5%Subiendo

La confesión de Microsoft sobre la IA

En abril de 2025, el propio CEO de Microsoft, Satya Nadella, admitió que entre el 20 y el 30% del código de Microsoft lo estaba escribiendo una inteligencia artificial. Una IA estaba modificando el código del sistema operativo más usado del mundo. Y los resultados estaban a la vista: estudios señalaban que los desarrolladores pasaban por alto un 40% más de errores al revisar código generado por IA frente al escrito por humanos.

Despidos y reducción de control de calidad

Un mes después de esa confesión, Microsoft anunció el despido de 6.000 empleados, una gran parte de ellos ingenieros de software. La IA ya hacía las tareas repetitivas, así que los humanos sobraban. Y a principios de 2026, redujeron drásticamente los equipos de control de calidad, confiando en que la propia IA detectaría los fallos antes de que llegaran al usuario. Cómo fue eso lo vimos todos.

Las promesas de Microsoft para el futuro

Ante el caos, Microsoft pidió disculpas en un comunicado y admitió que la IA se les había ido de las manos. El plan de recuperación incluye retirar la IA de aplicaciones donde no aporta valor real, reducir las interrupciones por actualizaciones, mejorar la velocidad del explorador de archivos y estabilizar el sistema en general. Han convocado a un equipo especial para ejecutarlo. Vamos, lo que debería haber sido Windows 11 desde el principio.
Si eso o no llegará a tiempo, está por verse.

Conclusión: ¿Tiene Windows solución?

La situación de Windows no es catastrófica, pero sí es urgente. Microsoft tiene los recursos, tiene el ecosistema y tiene el peso histórico. Lo que le falta es recuperar la confianza de los usuarios, algo que no se consigue con comunicados ni con promesas, sino con un sistema que funcione sin dramas.
Mientras tanto, macOS ya no es un lujo inalcanzable gracias al MacBook Neo, y Linux ha dejado de ser un laberinto exclusivo para expertos. El abanico de opciones reales nunca había sido tan amplio. Y eso, para Windows, es el verdadero problema.
LA CLAVE:
  • •Windows 11 nació de un proyecto cancelado (Windows 10X), no de cero
  • •El TPM 2.0 y la cuenta obligatoria alejaron a millones de usuarios desde el día uno
  • •Windows Recall fue el mayor escándalo de privacidad del sistema operativo
  • •El 20-30% del código de Microsoft lo escribe una IA, según su propio CEO
  • •macOS superó el 17% de cuota mundial; Linux bate récords en gaming
  • •Microsoft prometió corregir el rumbo, pero la confianza ya está tocada
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